Como otros han hecho antes que yo, escribo esto para expresar mi opinión acerca de la situación actual y de las movilizaciones que están teniendo lugar en muchas ciudades españolas bajo el lema “Democracia real ya”.
Tengo veintiocho años, una carrera universitaria y una acreditación de, al menos, un idioma además de mi lengua materna, el castellano. Y estoy en el paro desde hace año y medio. En todo este tiempo, el SERVEF, que es el servicio valenciano de ocupación y formación, sólo se ha puesto en contacto conmigo tres veces. La primera fue en febrero de este año, para informarme de una oferta laboral en una empresa a la que envié mi currículum y nunca jamás se volvió a poner en contacto conmigo. Las dos últimas, a principios de mayo, es decir, en pre-campaña o directamente en campaña electoral, para ofrecerme un curso de alemán al que, hace año y medio, dije que estaría interesada en asistir, pero que ahora ya no me interesa, puesto que en vista de que ellos no iban a hacer nada por mí, ya me busqué la vida por mi cuenta.
No tengo empleo, sí, pero no porque no lo haya buscado, sino porque no hay dónde buscarlo. Por mucho que se empeñen en decir que si no trabajamos es porque no invertimos el tiempo suficiente, la realidad es que no hay ofertas de empleo. Puedes encontrar, evidentemente, empleos como comercial, como captador de socios para ONG’s, y poco más. ¿Esto es todo lo que el mercado laboral tiene para ofrecernos?
A la impotencia de no encontrar un empleo y de saber que me he formado para nada, se suma la de ver cómo las personas que se eligieron para representarnos y velar por nuestros intereses, no me representan, y por el único interés por el que velan, es por el de llenarse los bolsillos y jugar con el futuro de todos. A ellos no les importa la situación de la ciudadanía en absoluto. Juegan con nuestra salud, proporciónandonos una sanidad pública masificada y con profesionales que no tienen ni tiempo ni medios para atendernos como corresponde; juegan con nuestro sistema educativo, que en lugar de mejorar, empeora día a día. No sólo en su contenido, sino en sus infraestructuras. Un ejemplo claro y flagrante, es el de los niños que llevan años yendo a clase en barracones. Y como estos ejemplos, podría citar más en otros ámbitos: economía, vivienda, infraestructuras. Y ésto es el estado de bienestar con el que tanto se llenan la boca los que nos gobiernan.
Con este panorama, no sé por qué es tan extraño que se haya salido a la calle a protestar. Lo raro es que no se haya hecho antes. Y sí, tienen todo mi apoyo y mi admiración, porque ellos, que no me conocen de nada, me representan más que cualquier otro cargo electo. Ellos sí están pidiendo cosas que nos pueden beneficiar a todos. Puede que no esté de acuerdo con todo lo que se propone, y de hecho, así es. Pero al menos, desde la calle, se están proponiendo soluciones, mientras que desde las instituciones políticas lo único que hacen es pasarse la patata caliente de unos a otros, como si estuvieran en el patio del colegio.
Así que, a todos los que no creen en este movimiento, y no cesan en su empeño de llamarnos manipulados, comunistas, gente de extrema izquierda, perroflautas, pijos de papá que no saben ni por qué se están manifestando, les invito a que levanten el culo de su sillón, como he hecho yo, y se acerquen a cualquiera de las asambleas, y lleven allí sus opiniones, y de paso, las contrasten. Quizá su problema real es que no saben cómo se hace, porque no lo han hecho nunca. Ambas cosas, lo de levantarse del sillón y lo de contrastar su punto de vista con el de los demás.
Para acabar, me gustaría señalar que, sí, quizá no se logre cambiar nada ahora, quizá se esté pidiendo lo imposible, pero ya se ha conseguido algo, y es que mucha gente esté pendiente de las movilizaciones, bien para acudir, bien para criticar. Y ahora que ya se tiene la atención y se ha comprobado que se puede obtener la respuesta y la colaboración ciudadana, sólo es cuestión de insistir. Si no es hoy, será mañana o dentro de un año, pero gracias a este movimiento ya sabemos que la gente no estaba dormida como nos querían hacer creer.